otero de sariegos

HISTORIA DE OTERO DE SARIEGOS

Elías Rodríguez Rodríguez

La presencia humana en estas tierras ha estado ligada desde la Prehistoria a la explotación de la sal. Algunos piensan que el sobrenombre de Sariegos se podría transcribir por “saliegos” o productores de sal, pero hasta la despoblación del siglo XVII a Oterode le conocía con el sobrenombre de Serigo o Seriego, posiblemente un
Otero de Sariegos hoy
importante personaje de raigambre visigoda que tenía su posesión rústica a modo de villa en el actual Otero y que le prestó su nombre(igual que Fáfila a Villafáfila, Revelle a Revellinos o Erico a Villarigo).
El caso es que los habitantes de estos parajes hace cuatro mil años se dedicaban a producir sal mediente el procedimiento de hacer hervir las aguas salobres por la aplicación del fuego, hasta conseguir la precipitación de la sal que formaba “tortas” facilmente transportables. El comercio de la sal dio lugar a la formación de unas jerarquías y a la aparición de unas clases dominantes a las que pertenecería la joven, cuya sepultura apareció en Santioste en 1990, y en cuyo ajuar figuraban un cuenco, un collar de plata, pulsera de hueso y un botón de márfil.Fruto de ese comercio pudo ser la introdución de piezas de metal que han aparecido en el entorno de Otero, como un cincel y un hacha plana, todo ello depositado en el Museo Provincial de Zamora.
Retablo de la Iglesia de Otero
En las inmediaciones del casco “urbano” se rastrea la presencia romana y visigoda con la aprición de cerámicas de esas épocas, pero fue durante la Edad Media, cuando todo el entorno de las salinas alcanzó su máximo apogeo, surgiendo numerosas aldeas en la comarca, cuya actividad principal era la explotación de las salinas. El propio Otero, que en 1178 se incluía en el alfoz de Villafáfila, estaba situado entre tres pequeñas aldeas: Requejo, Prado y Santa Cruz.

La primeras noticias seguras de Otero de Sariegos como tal, se remontan a 1116, cuando se citan los bienes de la catedral de León en Lampreana, pero posiblemente la aldea de Sancto Martino que se cita desde 930, pudiera corresponder a Otero. El caso es que en 1155 se citan dos Otero uno de Frades ( localizado en el Teso de los Plateros ) y otro de Serigo, que corresponde al actual, además de otro Oterino (Auterol), en término de Villarrín. En el siglo XIV pertenecía a doña María de Solier, señora de Villalpando y pasó por herencia a sus descendientes los Condestables de Castilla. El señorío incluía el vasallaje de los vecinos que debían abonarle los pechos o martiniega, la jurisdición ordinaria y extraordinaría con el derecho de nombrar alcaldes, una tercera parte de los diezmos y el derecho de presentar al párroco, las alcabalas y diversas propiedades que sumaban más de 160 cargas de tierra de sembradura. Al cura de la iglesia de Otero lo nombraba el obispo de Astorga pero era presentado el candidato por parte del Condestable, así en 1540 está sirviendo de cura Antº de Bernero, originario de Burgos.

Durante el siglo XVI la villa de Otero de Sariegos tiene una población en progreso. Así en 1561 se registran 26 vecinos, en 1587 se cuentan 46 y en 1591 52 vecinos, unos doscientos habitantes, y el regimiento del concejo estaba formado por dos alcaldes, dos regidores y un procurador; también había dos cofradías, una de la Vera Cruz y otra del Santísimo Sacramento, y un pósito o alhóndiga, fundado por el Licenciado Saldaña, cura, que prestaba el grano de su propiedad a los vecinos para poder sustentarse con la devolución anual sin intereses. Pero la crisis demográfica del final del reinado de Felipe II provocó un paulatino abandono de la vecindad hacia los pueblos cercanos y poco a poco se fue quedando sin gente. Todavía en 1630 hay, por lo menos, diez y seis vecinos, que otorgan poder para encabezarse con el Condestable las alcabalas, es decir para concertar una cantidad fija de dinero en concepto de alcabala (un impuesto sobre las ventas). y el sigiente año en un censo que se hace en Castilla para el consumo de sal se relacionan 18 vecinos, equivalentes a 70 personas, 19 cabezas de ganado mayor y 930 ovejas, pero en 1668 no quedaba ningún vecino y tiene que intervenir el juez de apelaciones de Villalpando, como Alcalde Mayor de Otero en ausencia de alcalde ordinario, porque algunos estaban desmantelando las casas y llevandose la teja y la madera. En 1673 se agregan los bienes de la iglesia de Otero, que está despoblado, a las parroquias de Villafáfila, y se depositan los libros, los objetos litúrgicos, las escrituras de censo y las propiedades. Incluso el retablo dedicado a San Martín, se trasladó a la iglesia del mismo nombre en Villafáfila en 1675 por mandato del obispo de Astorga, previa consulta con el Condestable, como señor de Otero. Ese año, como la iglesia esta abandonada, había entrado un pasajero toresano en la misma y se había llevado la imagen de Santa Bárbara, y tuvieron que apremiarle por la justicia para que la devolviera. Ese mismo año trasladaron a Villafáfila los huesos del Licenciado Antonio de la Peña, que había sido cura de Otero para darles sepultura en San Juan por el abandono en que estaba la iglesia.

En el año 1682 se presenta un memorial en el Consejo de Hacienda dando relación de que “ en 1665 se despobló del todo y sus vecinos se fueron a vivir a otros lugares y su iglesia quedó demolida y en 1681 habían ido a habitar la villa seis vecinos a instancias del Condestable de Castilla ”. Piden y se les concede exención de tributos durante seis años. Al año siguiente ya había cura y la villa de Otero vuelve a cobrar vida, reiterando las peticiones de exención de impuestos “ por las guerras de Portugal y calamidades de los tiempos se despoblí, y que habiendo, después de algunos años ydo a poblarla zinco vºs, fue servido su magestad de relevarlos por diez años de las contribuciones de millones y demás rentas reales, en consideración también de que el Condestable por el mismo tiempo les perdonó sus alcabalas... piden que se les de una cédula parala Sala de Millones que no se apremie a los vºs a la paga de contribuciones” . Conocemos el nombre de alguno de estos nuevos colonizadores, se trataba de vecinos de los pueblos cercanos que tenían heredades allí. Así en1679 dos vecinos de Villafáfila “ José García y Antonio Vela se desavecindaron y se fueron a poblar un lugar que se dice Otero de Serigo ”, lo mismo hicieron los hermanos Tomás y Santiago Bueno, de Villafáfila, cuyos descendientes han permanecido en Otero hasta hoy, y Domingo Sancho, Juan García, Andrés Pérez, de Riego y Antonio Salagre. Estos fueron los pioneros de la segunda repoblación.

Durante el siglo XVIII fueron llegando personas nuevas al pueblo, unos para hacerse cargo de heredades de sus antepasados, otros por matrimonio, y otros como criados o pastores de los vecinos hacendados.

Según los datos que nos aporta el Catastro del Marqués de la Ensenada en 1752 había en total, además del cura, 17 vecinos con casa propia, que corresponden a 86 habitantes, 49 varones y 37 hembras,11 son labradores,1 jornalero, 1 panadero, 1 tratante en granos, 1 pobre, un pastor y un mesonero, y además 5 criados, 2 pastores y 2 zagales, que viven en casa de los amos. Sólo un vecino, natural de Villarrín y que se casó en Otero, Don Francisco Calzada, era hidalgo. De lo 26 adultos de los que conocemos su procedencia, 7 eran de Villafáfila, 7 de Villarrín, 5 habían nacido en Otero y de cada uno de los siguientes pueblos: Barcial del Barco, Belver, Cerezal de la Encomienda, Quintanilla del Olmo, Riego, Santovenia y Villalba, procedía un vecino. Había 19 casas y una arruinada, tres paneras, y, a falta de eras particulares, se trillaba en los prados del concejo. Los vecinos tenían 823 ovejas, y arrendaban pastos a ganaderos de otros lugares, como Pinilla de Toro, Vezdemarbán, Abezames, etc. Había 64 bueyes o vacas de labranza, 31 burros, 45 cerdos y 8 yeguas.

La villa de Otero pertenecía por ese tiempo al Duque de Frías, al que correspondía el señorío y vasallaje, con la facultad de proveer y nombrar a un alcalde y a un regidor todos los años a propuesta de los antecedentes, y, dado lo escaso del vecindario, era frecuente la repetición en los mismos cargos durante muchos años. Para poder llevar a cabo la elección libremente, sin la intervención del Duque o de sus delegados, el concejo le pagaba todos los años 40 reales. Además recibía por las rentas de sus tierras 14 cargas de pan mediado (trigo y cebada), y se las llevaban a Villalpando, junto con los corderos que le pertenecían por razón del diezmo de los parroquianos, por ser patrono de la iglesia.

El concejo de Otero tenía un presupuesto de 507 reales los cuales gastaba:

2r. al magistral del Canto de Astorga, de limosna

93 r. de la rogativa de San Marcos

36 r. el día de tomar las cuentas

16 r. de limpieza del pozo

4 r. de papel

36 r. al cura por las procesiones y votos del concejo

30 r. al escribano por tomar las cuentas y otros testimonios

40 r. al duque por las elecciones de concejo y justicia

100 r de salario al alcalde y regidor por cobrar lor repartimientos y de viajes a Zamora

150 r. de vino que gastaban todo el año

Los vecinos pagaban los diezmos (más o menos una décima parte de los rendimientos) de todo lo que producían y se repartían de la siguiente manera:

-de los corderos y de los granos llevaba un tercio el obispo de Astorga, otro tercio el duque de Frías, y la tercera parte restante el cura de Otero;

- y del resto: lana, garbanzos, vino, etc, un tercio el obispo y los dos tercios el cura.

En 1751 poseían bienes en Otero las siguientes instituciones eclesiásticas:

La iglesia parroquial de San Martín

Memoria del Licenciado Saldaña

Capellanía de Santa Catalina de Villafáfila

Capellanía de los Barrio de Villafáfila

Vínculo de don Fernando Díaz de Villafáfila

Cura de San Pedro de Villafáfila

Cabildo eclesiástico de Villafáfila

Convento de Santiago de Zamora

San Nicolás de Benavente

Santi Spiritus de Benavente

Manuel Gómez, presbitero de Villarrín

San Marcos de León

Huérfanas de San Salvador de Vilalfáfila

Capellanía de Francisco Bueno

Monasterio de Moreruela

Cristo de Villarrín

Ermita de Villarigo

Santa María la Nueva de Villafáfila

San Benito de Valladolid

Capellanía de San Lorenzo de Villafáfila

Don Manuel Vida de Villafáfila

Patronato de San José de Villarrín

Don Bernardo Redondo, cura de Villarrín

Don Pablo Suena, cura de S.Salvador de Villafáfila

D. Manuel Cea cura de Otero.

Con el paso de los años sigió creciendo la villa, y en 1787 había 98 habitantes, 55 hombres, de ellos 17 casados y 2 viudos y 43 mujeres, de las cuales 17 casadas y 1 viuda.

Ya había dos familias de hidalgos, los Calzada y los Ojero, emparentados entre ellos, que pleitean con el resto de los vecinos porque quieren que la mitad de los cargos del ayuntamiento estén en sus manos, por reparto entre los dos estados: hidalgos y pecheros.

Las calles de Otero de Sariegos eran: La Paz, Del Medio, Traviesa, Plaza, Cerrada, El Sol, La Luna.

Población de Otero en el siglo XIX

1857- 166 hb.

1873- 153 hb y 66 edificios

1877- 129 hb.

1887- 132 hb.

1897- 148 hb.

1900- 158 hb

Los párrocos de Otero

En 1683 ya había cura en la iglesia : don Fco Lubiano, hasta 1722, después D. Fco Aguado, 1727 D. Pº Fdez Vallador hasta 1749, después don Manuel de Zea Gómez, 1756 Manuel Coca que había nacido en Otero en 1730, hasta 1794, después don Manuel Garrido Fernández, de Carbajales, 1815 Juan José Moreno, en 1826 don Fernando García de la Vega, en 1833 don Lucio Rodríguez hasta 1843, 1844 vicario Agustín Aparicio, 1848 cura Dámaso Costilla, 1857 Remigio García, 1860 Agustín Aparicio, en 1864 Angel Miñambres,en 1910 Antº Miranda cura

Noticia de la Guerra de la Independencia

<< Ad perpetuam rei memoriam : anno 1811 & 12 <<

En el agosto de mill ochocientos y once fue tan esteril generalmente la cosecha que llegó a cojerse poco más que la sembradura. Llegábase a esta otra miseria tan grande o maior: a saber, la guerra que interiormente nos hacían los franceses, que después de asolarnos en llevar las haciendas y caudales de todos e interceptar los comercios, recojieron con varios pretextos los pocos granos que había y los almacenaban en las ciudades y pueblos grandes, y hacían después hacer mantener sus tropas a los pueblos. Así llemaron con grande apresuración sobre este miserable Reino al hambre, de modo que llegó a valer la fanega de trigo a quatrocientos cinqtª reales y el pan cocido a 16, 20 y 24 rrl las cuatro libras, y así respective al centeno y cebada. Este centeno y pan de cebada eran azucarillos aun para los ricos y poderosos, pues estos estaban mas pobres en su modo que los mismos pobres, porque eran más perseguidos y saqueados.

De aqui y de la grande anarquía que suscitaron estos hambres, se levantaron innumerables quadrillas de ladrones, unas compuestas de soldados españoles dispersos, otras de desertores y otras de los pueblos, que, sin el menor rubor y muchos sin muy lexítima necesidad, se hecharon universalmente a robar las haciendas del campo y las de las casas con pésimos e inicuos tratamientos y muertes de sus dueños. Era pues tanta la miseria e infelicidad que aún, hasta muchos de aquellos que por oficio estaban obligados a defender la patria y la Religión con sus armas, convertían su autoridad y poder en enriquecerse a sí y a los suios.

De aquí muchos pobres muertos por los caminos y pueblos, unos de hambre, otros a yerro.

La historia y papeles públicos daran más puntual noticia de esta infeliz catástrofe, basta lo dicho para formar una confusa idea de tan terrible acontecimiento.

No obstante, es digno de advertir que,sin embargo que estos grandes y generales trabajos nos provenían de nuestras culpas, no obstante, los hombres cada día se veían más osados, más pervicaces, de más dura cerviz, más soberbios, más blasfemos y más luxuriosos.

Pero las entrañas piadosísimas del Señor, por respeto de aquella semilla bendita que ha dejado en Israel para la conservación de su iglesia, proveió de una abundantísima cosecha al mundo en el Agosto de 812. Sea Bendito par siempre. Amén.